Los peligros ocultos
Presente en casi todo lo que nos rodea, incluso en esa «inofensiva» agua con la que te duchas y te hidratas, el agua corriente esconde un peligro silencioso.
Durante más de un siglo, el cloro se ha utilizado como la solución principal para desinfectar el agua. Si bien ha sido clave para prevenir infecciones microbiológicas, su uso tiene una cara B preocupante: una dosis ligeramente elevada es responsable de irritaciones, sequedad extrema y molestias en ojos, piel, cuero cabelludo, boca y vías respiratorias.
¿Por qué ocurre esto?
El cloro es un agente químico y blanqueador agresivo. Aunque elimina bacterias y microorganismos, su composición, interacción y concentración química, genera efectos secundarios documentados:
Efecto sauna tóxico en la ducha: Al ducharnos con agua caliente, el cloro se evapora rápidamente. Con los poros y las vías respiratorias abiertos por el vapor, inhalamos estas moléculas directamente al torrente sanguíneo. El riesgo por inhalación en la ducha llega a ser hasta 100 veces mayor que al beber agua del grifo. Impactando en nuestra salud a nivel externo e interno.
Formación de Trihalometanos (THM): Cuando el cloro entra en contacto con materia orgánica presente en el agua o en los desagües de fregaderos y bañeras, genera subproductos como el cloroformo. Estos compuestos aceleran el envejecimiento celular y aumentan el estrés oxidativo. Facilitando enfermedades por bajo rendimiento celular y envejecimiento prematuro en nuestras células y tejidos.
Impacto en el ADN celular: Diversos estudios señalan que los compuestos clorados liberan un exceso de radicales libres y reducen la vitamina E (antioxidante clave para el corazón y la protección celular). Esto genera alteraciones genéticas en el proceso de replicación celular, un factor fuertemente vinculado al desarrollo de cáncer (El riesgo de cáncer entre quienes beben aguas cloradas es un 93 % más alto que entre aquellos cuya agua no tiene cloro).
Impacto sobre la salud
ENFERMEDAD | INCIDENCIA POR CLORO |
Cáncer Colon | 2.5 veces más |
Cáncer Vejiga | 2.3 veces más |
Cáncer pulmón | Aumenta con la exposición. * Los investigadores han demostrado que después de 10 minutos en la ducha, las personas muestran aumentos mensurables en las concentraciones de cloroformo en sus pulmones (un promedio de 2,7 partes por mil millones). |
Caída del cabello | El cloro rompe las cadenas de aminoácidos del pelo evitando así que se termine de formar la proteína que daría lugar al nacimiento del cabello |
Problemas dérmicos y respiratorios | Aumentan con la exposición (peligro de asma y melanomas) |
Cáncer de mama | Estudios llevados a cabo en Hartford, Connecticut han vinculado la acumulación en el tejido mamario de organoclorados (subproductos del cloro) directamente en el cáncer de mama. Estas pacientes mostraron tener niveles de organoclorados del 50% a 60% más altos que las mujeres sin la enfermedad. |
El cloro no solo destruye la capa de ozono en la atmósfera; cuando se utiliza en la potabilización del agua, también desencadena importantes riesgos para la salud.
Investigaciones como las del Dr. Joseph M. Price (Coronarias, Colesterol y Cloro) y el Dr. Martin Fox (Aguas Saludables para una Vida más Sana) señalan que el cloro presente en el agua tratada favorece la arteriosclerosis y el endurecimiento de las arterias, aumentando la probabilidad de sufrir ataques cardíacos y apoplejías. Asimismo, se ha observado un aumento en los niveles de colesterol en zonas donde se clora agua con alto contenido de calcio.
A nivel sistémico, la acumulación continua de compuestos clorados puede causar:
Daño orgánico: Afecta progresivamente el rendimiento del hígado y los riñones.
Problemas respiratorios y cutáneos: Provoca irritaciones crónicas y afecciones en la piel.
Debilitamiento inmunológico: Reduce las defensas naturales del organismo.
LOS MÁS VULNERABLES
Aunque el cloro es el desinfectante por excelencia en las piscinas, su interacción con la materia orgánica y un aire poco ventilado generan subproductos químicos con posibles riesgos para la salud, especialmente en embarazadas y niños pequeños.
1. Embarazo y subproductos de desinfección
Un estudio publicado en la revista médica Occupational and Environmental Medicine (difundido por AFP) sugiere que las mujeres embarazadas deberían extremar precauciones ante el agua con altos niveles de cloro.
El origen del problema: Al reaccionar con residuos orgánicos (sudor, células muertas o cosméticos), el cloro forma trihalometanos (THM).
Exposición multiplicada: La concentración de THM aumenta con la temperatura del agua y la afluencia de bañistas. En solo una hora de baño, la exposición al cloroformo por inhalación o absorción puede ser hasta 141 veces superior a la de una ducha de 10 minutos.
Riesgos asociados: Aunque los científicos matizan que los hallazgos no son conclusivos, estos subproductos se han vinculado con un mayor riesgo de abortos espontáneos y malformaciones fetales, por lo que recomiendan minimizar el uso de cloro como medida preventiva.
2. Salud respiratoria en bebés y niños
El Dr. Alfred Bernard, profesor de la Universidad Católica de Lovaina e investigador de la Fundación Nacional para la Investigación Científica de Bélgica, ha liderado varios estudios sobre el impacto de las piscinas cubiertas mal ventiladas en el sistema respiratorio infantil:
En una investigación realizada entre 2002 y 2006 con 341 niños belgas de entre 8 y 12 años, se analizó a un grupo de 41 alumnos que habían iniciado natación antes de los 2 años.
Un decenio después, estos niños presentaban una mayor permeabilidad pulmonar, junto con pérdidas de hasta un 20 % en las células bronquiales encargadas de filtrar y neutralizar sustancias nocivas en los pulmones.
EN EL AGUA A DEMÁS DE CLORO PODEMOS ENCONTRAR TAMBIÉN:
Hidrocarbonos: Derivados del petróleo y disolventes industriales que llegan al agua por vertidos, filtraciones de depósitos o escorrentía urbana. Son altamente persistentes, tóxicos para la vida acuática y presentan un marcado carácter carcinógeno y neurotóxico en exposiciones continuas.
Fluoruro: considerado aún más peligroso que el cloro. En Europa ha ido en desuso y reducción de niveles, gracias al Dr. Arvid Carlsson, Premio Nobel en medicina (2000), histórico y activo opositor a la fluoración del agua potable
Metales pesados: Sobre todo plomo, arsénico, aluminio, nitratos, hierro, cobre y mercurio. No se metabolizan y se acumulan en los tejidos, incluido el cerebro. Su presencia continua causa neurotoxicidad (deterioro cognitivo y problemas de desarrollo), fallo renal y hepático, hipertensión arterial y un elevado riesgo de cáncer por daño directo al ADN celular.
- Medicamentos (especialmente hormonales). Científicos Canadienses descubrieron que muchos animales, especialmente las ranas, cambiaban de sexo y sufrían problemas del sistema reproductivo debido a que el agua en la que viven se encuentra sumamente contaminada con medicamentos hormonales.
Herbicidas y pesticidas: Químicos de uso agrícola e industrial (como el glifosato o el atrazina) que se filtran fácilmente hacia los acuíferos subterráneos y ríos. Actúan como potentes disruptores endocrinos, alterando el sistema hormonal, afectando la fertilidad a largo plazo y multiplicando el riesgo de desarrollar patologías crónicas.
NOTA: ¿SABÍAS QUE…?
- El cloro fue utilizado como la primer arma biológica usada durante la primera guerra mundial como un gas venenoso.
- Los microorganismos en general se hacen resistentes con el paso del tiempo a todas aquellas sustancias empleadas para su destrucción, lo cual implica que cada vez se utilice más cantidad de compuesto y de otras sustancias que sean capaces de aniquilar estas nuevas plagas.
ALGUNAS ALTERNATIVAS:
- Para Alfred Bernard la ionización cobre-plata, sería la mejor opción (es uno de los métodos más extendidos), también los sistemas basados en el gas ozono o los productos que liberan oxígeno activo.
- Osmosis inversa
- Purificación mediante rayos ultravioleta (Técnica ya utilizada en algunos municipios de nuestra comarca)
- Ecoduchas y ecogrifos (tal vez una de las alternativas más económicas y cómodas)
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Verónica Garzón
Referencias bibliográficas:
Dr. Joseph M. Price — Libro: Coronarias, Colesterol y Cloro (1969), donde explora la relación entre la cloración del agua y el desarrollo de arteriosclerosis y enfermedades cardiovasculares.
Dr. Martin Fox — Investigación/Libro: Healthy Water for a Longer Life (1986), obra que analiza cómo la calidad del agua, la dureza y los aditivos químicos como el cloro impactan la salud cardiovascular y general.
Mujeres embarazadas y riesgos: Artículo original (PubMed) Distribution and determinants of trihalomethane concentrations in indoor swimming pools (2002) Noticia histórica/cobertura periodística (The Guardian / AFP) Pool chlorine risk for pregnant women (2002)
Niños y piscinas cubiertas: Artículo original (PubMed) Impact of chlorinated swimming pool attendance on the respiratory health of children (Pediatrics, 2006)

